Relatos

El ángel sanador

A veces los sueños son mucho más que eso, simplemente uno recuerda que es insólito, pero a veces sin querer pueden ser una realidad.

―Perdone, señor director. En la 213 hace tres días, que en la puerta hay el cartel de “No molesten”―dijo la mujer de la limpieza.

―¿Qué habitación me dice?―preguntó el director del hotel un poco distraído.

―La 213.

―Ahora iré a ver―dijo girándose buscando la llave maestra de la segunda planta.

            En ese momento, el reloj de la entrada marcó las diez de la mañana y encontrando la llave miró su reloj y, decidido, con prisa. Subió al ascensor hasta el segundo piso.  Cuando llegó, se dirigió hasta la puerta y encontró el cartel de “No molesten”, como le había dicho la mujer de la limpieza, golpeó tres veces la puerta, y con voz alta, preguntó:

―Perdonen, ¿Están allí?

            Al ver que no contestaba nadie introdujo la llave maestra e hizo girar dos veces. Y volvió a repetir.

―Perdonen, ¿Están allí?

Despacio abrió y de golpe le vino un olor muy desagradable que le hizo apartarse de la entrada. Se giró instintivamente a un lado y con una  mano se tapó la nariz y con la otra abrió la luz. En ese instante, observó un cuerpo de una mujer en la cama manchado de sangre y, viendo todo removido, salió de la habitación cerrando la puerta sin haber tocado nada. Bajó las escaleras velozmente, entró en su despacho sin dudarlo y llamó a la policía de la ciudad.

―Perdone, ¿La policía?

―Sí dígame.

―He encontrado un cuerpo sin vida de una mujer en el Hotel Sellvory. En una de las habitaciones del segundo piso.

―De acuerdo ahora vendrá la policía, ¿Quién es usted?

―Soy el director del Hotel.

―¿Cómo se llama?

―Jack Nervon.

―En cinco minutos llegará la policía.

―Gracias.

            El director colgó el teléfono y sentado en el despacho esperó la policía. En solo tres minutos llegaron tres coches patrulla. Con prisa, salió del despacho, se dirigió hacia ellos y se le presentó vestido de paisano, un capitán que le preguntó dónde estaba el cuerpo y sin dudarlo lo acompañó hasta el segundo piso, abriéndoles la habitación 213. El pobre director se apartó y dejó pasar al capitán y su compañero, mientras dos policías se quedaron en la puerta. Observaron la habitación y sin molestarles la fuerte olor, comenzaron a hablar.

―Hay signos de lucha.

―Sí. Voy a mirar el baño.

―Tiene las uñas rotas―dijo el capitán mirando las manos de la mujer.

―Supongo, que estaba duchándose cuando entró alguien para asesinarla, la ducha aun está encendida.

―No toques nada John.

―De acuerdo.

            El capitán ordenó que avisaran a los de la científica y al juez para que levantara el cuerpo. Mientras tanto, comenzó a hablar con el director.

―¿Sabe su nombre?

―No, pero supongo que en el registro del hotel tengo sus datos.

―¿Cuánta gente hay en el segundo piso?

―Solo hay clientes en la habitación 220 y 221.

―¿Solo hay dos?

―Sí, una familia y una pareja.

―Entendido, puede mirarme a ver si encuentra su nombre.

―Sí, señor ahora voy―dijo el director dirigiéndose a su despacho.

            Mientras tanto el capitán volvió a entrar y comenzó a observar minuciosamente.

―Qué extraño―pensaba el capitán―.El bolso de la mujer está intacto, el móvil del crimen no parece ser el dinero. Todo el mueble está lleno de sangre, la víctima la arrastró por encima, seguro que la mujer buscaba algo en su bolso. Debe tener un arma dentro. Se cogió con la cortina y… ¡Mira una uña!―observaba el capitán en silenció.

            Un poco después siguiendo el rastro de sangre al lado de la cama dijo en voz alta:

―Sí, señor lo que buscaba, el arma del crimen.

            En ese instante, volviendo de su despacho, el director le dijo al capitán que el nombre de esa mujer, según su libro de clientes, se llamaba Sara Epston y que se registró hace tres días. El capitán le preguntó si había cámaras en la entrada del hotel y él le dijo que sí…

            Más tarde, el capitán ordenó que se llevaran a comisaria el disco duro  en el cual había las imágenes de las cámaras del hotel. Ya que, al subir otra vez al segundo piso y contrastar  diferentes argumentaciones con sus compañeros. Se encontró con la científica que iban cogiendo pruebas y haciendo fotos de la escena del crimen.

―El crimen se inició cuando ella estaba en la ducha―dijo el capitán.

―Sí, tengo pelo del asesino. Supongo que la mujer se defendió y he encontrado huellas en el arma del crimen y las están comprobando en comisaría.

―Bien.

―Tengo información sobre la mujer asesinada―dijo uno de los policías.

―¿Quién es?—preguntó el capitán.

―Se llama Sara Epston, pero lo extraño es que según nuestros informes a esta mujer ya la habían matado hace dos años. Y mirando los archivos la misma mujer había sido asesinada otra vez hace más de cinco años.

―¿Pero cómo es posible? ¿Esta mujer la habían matado ya dos veces?

―Sí, según nuestra información.

            El capitán cogió la documentación del policía y comprobó que era cierto, que la mujer había estado asesinada ya dos veces. No comprendía lo que pasaba; era muy extraño.

            ¿Había resucitado? ¿Pero cómo era posible, tenía siete vidas como un gato?…No puede ser, no entiendo lo que está pasando…

            …En ese instante, Harry se despertó del sueño por culpa del teléfono que iba sonando sin paro alguno. Se pasó la mano por la cara y descolgó.

―Sí, dígame.

―Hola, Harry. Buenos días.

―¿Qué pasa?

―Ha habido otro asesinato parecido al caso del Ángel. La escena del crimen concuerda con las dos últimas víctimas.

―O sea, ¿qué se trata del mismo asesino?

―Por lo que he visto, sí.

―¿Qué calle es?

―Lomstand road número 213, es un hotel de dos estrellas. Esta…

―Ya sé donde es—dijo interrumpiéndole y continuó—.Ahora vengo.

―De acuerdo, nos vemos allí. Hasta ahora.

            Colgó el teléfono y pensó…213…¿El mismo número?

Vistiéndose rápido, cogió la pistola, bajó a la cocina y se tomó unas vitaminas con zumo de naranja y sin perder tiempo se dirigió al lugar del crimen.

            Cuando llegó le esperaba su compañero en la entrada del hotel.

―Hola, Harry—dijo Daniel dándole la mano.

―Hola, dime lo que sabes―dijo subiendo las escaleras hasta la habitación.

―La víctima es una mujer prostituta llamada Adain Vorest.  De unos treinta y cinco años. La última vez que la vieron subió en un coche de marca Ford de color rojo. Pero su vivienda está a unos kilómetros de aquí en Dartfort.

―¿Sigue repitiendo el mismo procedimiento?―preguntó Harry en ver la escena del crimen.

―Sí, como las anteriores víctimas.

            En el interior estaba la policía haciendo fotos de toda la habitación y de la víctima. Harry se fijó que la mujer llevaba una corona de flores en la cabeza, igual que las dos últimas víctimas y observó la gran cantidad de puñaladas de arma blanca en su cuerpo y como siempre, unas velas en la mesilla de noche. Se puso los guantes y miró en su boca y como era de esperar se encontró el pequeño crucifijo.

―No hay duda, es el mismo asesino―dijo Harry.

―Me lo dejas ver.

―Toma. Este cabrón se ha desahogado como si se tratara de un orgasmo. Es como si no tuviera paro alguno al matar a la mujer―argumentó Harry y continuó—¿han encontrado la arma que mató a la víctima?

―No, el asesino limpió a conciencia el lugar. No hay huellas en la entrada ni tampoco en esta habitación.

―¿Mírame de donde podría haber conseguido estas velas?

―De acuerdo.

―¿Quién fue quien vio por última vez a la mujer?

―Sus compañeras de trabajo.

―¿En dónde?

―Como te he dicho en Dartfort. Solo tenemos la descripción de un Ford fiesta de color rojo―repitió Daniel.

―¿Quién encontró el cuerpo?

―La señora de la limpieza.

―¿Le han tomado declaración?

―Sí.

            Harry se acercó a Daniel y en ese instante, llegó el juez para levantar el cuerpo. Ellos dos salieron de la habitación y Harry le dijo a su compañero que iría al depósito para que cuando llegara el cuerpo, el médico forense le dijera la causa de la muerte.

            Harry salió del hotel y se fue hasta la avenida principal para tomarse un té. Mientras tanto, iba pensando qué coño quería hacer entender el asesino. Salió fuera con el vaso de cartón y se encendió un cigarrillo. Mirando la calle se fijó que había cámaras que vigilaban la gasolinera. De algún modo posiblemente el asesino podía estar registrado. Se acabó el té y cogiendo su vehículo fue al instituto forense.

            Llegando al depósito. Tuvo de esperar un rato para que el experto tuviera el informe de la autopsia. Una vez acabado su trabajo Harry fue a verlo.

―Hola, señor Adam ¿cómo estamos?

―Bien.

―¿Y la familia?

―Muy bien. Mi mujer me dio recuerdos para usted.

―Gracias, ¿cómo se encuentra?

―Se ha recuperado de la operación y supongo que de aquí unos días podrá hacer vida normal.

―Me alegro que todo haya salido bien―dijo Harry y continuó—.¿Qué ha encontrado de peculiar sobre la difunta Adain Vorest?

―Como las anteriores víctimas tiene unas treinta apuñaladas por todo el cuerpo. Pero lo curioso es que esta mujer se defendió y hemos encontrado piel del asesino y tenemos su ADN.

―O sea, ¿qué lo arañó?

―Sí, y la piel encontrada es de la parte del cuello.

―¿Has comparado el ADN encontrado en la base de datos?

―Sí, pero no he encontrado nada. Supongo que no está fichado por la policía…El arma del crimen es el mismo utilizado anteriormente. Es un cuchillo bastante grande y tienen una sierra en la parte final.

―Gracias Adam.

―Aquí tienes mi informe, es una copia compulsada―dijo el doctor y dándole continuó—.Que tengas suerte y haber si cogéis a este chiflado.

―Eso espero. Adiós Adam que vaya bien.

            Harry salió del instituto forense y se dirigió hasta a la comisaria. Allí se encontró con su compañero Daniel qué estaba estudiando el caso.

―¿Has encontrado algo nuevo?

―Sí, te estaba esperando, tengo la dirección de la víctima.

―Pues vamos.

            Daniel y Harry marcharon hacia a la vivienda de Adian Vorest. Cuando llegaron vieron que ella vivía en un piso de protección oficial. Subieron hasta el tercer piso y llamaron a la puerta. Al no contestar nadie, forzaron la puerta. Observaron que ella vivía sola. El comedor estaba en el mismo lugar que la cocina, tenía un lavabo con ducha y un dormitorio. Comenzaron a buscar alguna prueba que relacionase a la víctima con un lugar de reunión o parecido. Daniel encontró una tarjeta de un medico que estaba especializado en abortos de un hospital cercano. También encontró documentos de un centro de desintoxicación de drogas llamado El Alma.

―Mira que he encontrado―dijo Harry.

―¿Qué?

―Jeringuillas nuevas y heroína.

―Según este papel estaba desintoxicándose en un centro cerca de aquí. Debía pasárselo mal esta mujer.

―¿Me dejas ver el documento?

―Claro, toma.

―Centro de desintoxicación El Alma, ¿vamos a dar un vistazo?

―Sí, vamos.

            Los dos policías se alejaron de la vivienda de Adian en dirección al local llamado El Alma. Cuando llegaron preguntaron por el responsable de la fundación y se les presentó un chaval joven de unos veinte años llamado Philip. Él les explicó que Adian seguía una terapia en grupo para dejar la heroína y según él, hacía dos semanas que ella no aparecía por aquí. Harry le pidió los nombres de todos los pacientes que tenían, pero Philip le dijo que no podía dárselos porque incumplía las normas de la fundación y le dijo que solo si tuviera una orden judicial se le facilitaría.

―Claro, protección de datos señor. Lo siento―dijo Philip.

―De acuerdo, ya vendremos en otro momento. Muchas gracias.

            Salieron del local y delante comenzaron a hablar.

―¿Crees que el asesino, pudo conocerla en este lugar?

―Es posible.

            En ese momento, en una casa del distrito de West Norwood había una mujer muerta asesinada en la cama de su dormitorio. El autor del acto, estaba en la cocina limpiando su cuchillo. Sin ninguna preocupación por lo que había hecho escuchó atónito el timbre y acercándose a las escaleras con un cuchillo, esperaba que no abriesen la puerta. Entre tanto, con el dedo deslizándolo por el borde agudo de su arma observó por la obertura tirar un certificado de llegada de un paquete.

            Se hizo oscuro y recogió todo sin dejar ninguna pista posible. Se volvió a poner la bolsa en la espalda y salió del inmueble tranquilamente.

            Al llegar a su casa comió un poco y se dio cuenta que faltaba solo una hora para ir a trabajar. Sin perder tiempo, cogió el uniforme, otro sándwich y se fue al trabajo. Su labor era de camillero en un hospital cerca de Dartfort. Solo llegar un de sus compañeros lo saludo al entrar. Se fue a los vestuarios y se cambió de ropa y como siempre, al salir, comenzó su jornada laboral cómo si no hubiera pasado nada.

            En comisaría estaban Harry y Daniel repasando las pruebas que tenían del caso.

―¿Adam ha conseguido el ADN del asesino?―dijo Daniel.

―Sí, pero lo ha comprobado en su base de datos y no ha encontrado nada.

―Solo sabemos que es un tipo de mediana edad y de una altura de un metro setenta.

―¿Cómo podíamos dar…

            En ese instante sonó el teléfono y Harry lo descolgó.

―Sí, dígame.

―Hola, Harry. Soy Alfred, han encontrado otra víctima con las mismas características del asesino del crucifijo.

―¿Dónde?

―En el distrito de West Norwood.

―¿Cuál es la calle?

― 25A Selsdon Road.

―De acuerdo ahora vamos para allá.

            Colgó el teléfono y le dijo a Daniel:

―Han encontrado a otra víctima.

―¿Dónde?

―En West Norwood.

―Joder.

            Los dos policías marcharon de la comisaria y cogiendo el vehículo se dirigieron a otra escena del asesino del crucifijo.

            Solo llegar Alfred les contó quien había descubierto la víctima.

―¿Quién ha sido?

―Unos chavales rompieron con una pelota el cristal de la habitación y como vieron que la puerta estaba abierta. Uno de los chavales fue a recogerla y se encontró con la mujer.

―O sea, ¿qué el asesino se dejó la puerta abierta?

―Supongo.

―¿Han encontrado algo diferente?―dijo Harry subiendo las escaleras hasta la habitación acompañado por sus dos colegas.

―Sí, en la cocina han encontrado un trozo de entrada de un cine llamado Olfo donde dan películas porno. Y por suerte al llover estos días el asesino dejó barro en la moqueta de la habitación y lo están analizando para saber donde posiblemente pudiera encontrarse esa misma tierra. Cuando tenga algo te informó Harry.

―De acuerdo, gracias Alfred.

            Harry y Daniel vieron a la mujer con las mismas heridas de arma blanca que las anteriores victimas. En ese momento, levantaron el cuerpo y Alfred les comunicó que el barro era de una zona industrial llamada Limehouse y que el cine Olfo estaba cerca de allí.

            Los dos policías con Alfred se dirigieron hasta esa zona. Al llegar aparcaron el vehículo al lado de una de las naves y cerca encontraron un Ford de color rojo. Sabían que el asesino estaba cerca. Encontraron una puerta abierta al lado del coche, entraron dentro y oyeron una música psicodélica, sacaron la pistola y se encaminaron en dirección a la música hasta encontrarse con una puerta. Entraron dentro y vieron a una mujer atada y enmordazada en una silla aun viva. La mujer con mímica les dijo que el loco estaba en una de las habitaciones. Se acercó Harry y vio como el asesino estaba bailando como si estuviera en una pista de baile. Lo apuntó como Alfred y Daniel silenciosamente paró la música. En ese instante, el tipo se giró y fue corriendo hasta donde tenía una pistola pero Harry y Alfred le dispararon en las piernas haciéndole caer.

            Por fin habían dado con el asesino, en menos de cinco minutos toda la zona estaba lleno de policías. Detuvieron al asesino y Harry se acercó a él y le preguntó:

―¿Por qué coño les metías un crucifijo en la boca?

―Por sanar su alma―dijo el asesino.

            En ese momento, vio que en su espalda tenía un tatuaje con el número 213 y le recordó el sueño y antes que se lo llevaran le dijo:

―¿Qué significa el 213 tatuado en tu espalda?

―Es mi habitación…¿Qué la has visto?―gritó cuando se lo llevaban.

            Harry se quedó perplejo y su compañero le dijo:

―Es un tatuaje como otro, Harry. Por fin hemos dado con él.

―Sí, Daniel. La pesadilla se ha acabado.

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