Viendo el cuerpo de ese miserable que me hacía contradecir mis pensamientos pude descargar mi furia encima su cabeza con un martillo…

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El Club de los Dock's

En ocasiones merece la pena ganarse un puñado de dólares de una forma fácil y discreta. El secreto es hacerlo, y no pensar en lo que pueda suceder aunque arriesgues perder la vida. 

Esta es la filosofía de los diez socios y protagonistas que regentan el Club Dock’s Sea, llevar al límite su ambición, que no es otra que ganar ese dinero que muchos sueñan y pocos consiguen. Y como pocos saben, llegar al limite significa no hundirte en un Dock en el que el mar solo busca hacerte desaparecer.  

Opiniones de lectores

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Me ha gustado, ameno y divertido, bien podría ser el tema de una película de Netflix.

Realment es un libro tele-film bastante bueno, con un ritmo excelente y una historia muy original.

Por las primeras páginas leídas, no tiene nada que envidiar a un bestseller.

Una trama que engancha hasta poder conocer el desenlace. Muy recomendable.

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Un sueño con número

―Perdone, señor director. En la 213 hace tres días, que en la puerta hay el cartel de “No molesten”―dijo la mujer de la limpieza.

―¿Qué habitación me dice?―preguntó el director del hotel un poco distraído.

―La 213.

―Ahora iré a ver―dijo girándose buscando la llave maestra de la segunda planta.

            En ese momento, el reloj de la entrada marcó las diez de la mañana y encontrando la llave miró su reloj y, decidido, con prisa. Subió al ascensor hasta el segundo piso.  Cuando llegó, se dirigió hasta la puerta y encontró el cartel de “No molesten”, como le había dicho la mujer de la limpieza, golpeó tres veces la puerta, y con voz alta, preguntó:

―Perdonen, ¿Están allí?

            Al ver que no contestaba nadie introdujo la llave maestra e hizo girar dos veces. Y volvió a repetir.

―Perdonen, ¿Están allí?

Despacio abrió y de golpe le vino un olor muy desagradable que le hizo apartarse de la entrada. Se giró instintivamente a un lado y con una  mano se tapó la nariz y con la otra abrió la luz. En ese instante, observó un cuerpo de una mujer en la cama manchado de sangre y, viendo todo removido, salió de la habitación cerrando la puerta sin haber tocado nada. Bajó las escaleras velozmente, entró en su despacho sin dudarlo y llamó a la policía de la ciudad.

―Perdone, ¿La policía?

―Sí dígame.

―He encontrado un cuerpo sin vida de una mujer en el Hotel Sellvory. En una de las habitaciones del segundo piso.

―De acuerdo ahora vendrá la policía, ¿Quién es usted?

―Soy el director del Hotel.

―¿Cómo se llama?

―Jack Nervon.

―En cinco minutos llegará la policía.

―Gracias.

            El director colgó el teléfono y sentado en el despacho esperó la policía. En solo tres minutos llegaron tres coches patrulla. Con prisa, salió del despacho, se dirigió hacia ellos y se le presentó vestido de paisano, un capitán que le preguntó dónde estaba el cuerpo y sin dudarlo lo acompañó hasta el segundo piso, abriéndoles la habitación 213. El pobre director se apartó y dejó pasar al capitán y su compañero, mientras dos policías se quedaron en la puerta. Observaron la habitación y sin molestarles la fuerte olor, comenzaron a hablar.

―Hay signos de lucha.

―Sí. Voy a mirar el baño.

―Tiene las uñas rotas―dijo el capitán mirando las manos de la mujer.

―Supongo, que estaba duchándose cuando entró alguien para asesinarla, la ducha aun está encendida.

―No toques nada John.

―De acuerdo.

            El capitán ordenó que avisaran a los de la científica y al juez para que levantara el cuerpo. Mientras tanto, comenzó a hablar con el director.

―¿Sabe su nombre?

―No, pero supongo que en el registro del hotel tengo sus datos.

―¿Cuánta gente hay en el segundo piso?

―Solo hay clientes en la habitación 220 y 221.

―¿Solo hay dos?

―Sí, una familia y una pareja.

―Entendido, puede mirarme a ver si encuentra su nombre.

―Sí, señor ahora voy―dijo el director dirigiéndose a su despacho.

            Mientras tanto el capitán volvió a entrar y comenzó a observar minuciosamente.

―Qué extraño―pensaba el capitán―.El bolso de la mujer está intacto, el móvil del crimen no parece ser el dinero. Todo el mueble está lleno de sangre, la víctima la arrastró por encima, seguro que la mujer buscaba algo en su bolso. Debe tener un arma dentro. Se cogió con la cortina y… ¡Mira una uña!―observaba el capitán en silenció.

            Un poco después siguiendo el rastro de sangre al lado de la cama dijo en voz alta:

―Sí, señor lo que buscaba, el arma del crimen.

            En ese instante, volviendo de su despacho, el director le dijo al capitán que el nombre de esa mujer, según su libro de clientes, se llamaba Sara Epston y que se registró hace tres días. El capitán le preguntó si había cámaras en la entrada del hotel y él le dijo que sí...

            Más tarde, el capitán ordenó que se llevaran a comisaria el disco duro  en el cual había las imágenes de las cámaras del hotel. Ya que, al subir otra vez al segundo piso y contrastar  diferentes argumentaciones con sus compañeros. Se encontró con la científica que iban cogiendo pruebas y haciendo fotos de la escena del crimen.

―El crimen se inició cuando ella estaba en la ducha―dijo el capitán.

―Sí, tengo pelo del asesino. Supongo que la mujer se defendió y he encontrado huellas en el arma del crimen y las están comprobando en comisaría.

―Bien.

―Tengo información sobre la mujer asesinada―dijo uno de los policías.

―¿Quién es?—preguntó el capitán.

―Se llama Sara Epston, pero lo extraño es que según nuestros informes a esta mujer ya la habían matado hace dos años. Y mirando los archivos la misma mujer había sido asesinada otra vez hace más de cinco años.

―¿Pero cómo es posible? ¿Esta mujer la habían matado ya dos veces?

―Sí, según nuestra información.

            El capitán cogió la documentación del policía y comprobó que era cierto, que la mujer había estado asesinada ya dos veces. No comprendía lo que pasaba; era muy extraño.

            ¿Había resucitado? ¿Pero cómo era posible, tenía siete vidas como un gato?...No puede ser, no entiendo lo que está pasando…

            …En ese instante, Harry se despertó del sueño por culpa del teléfono que iba sonando sin paro alguno. Se pasó la mano por la cara y descolgó.

―Sí, dígame.

―Hola, Harry. Buenos días.

―¿Qué pasa?

―Ha habido otro asesinato parecido al caso del Ángel. La escena del crimen concuerda con las dos últimas víctimas.

 ―O sea, ¿qué se trata del mismo asesino?

―Por lo que he visto, sí.

―¿Qué calle es?

―Lomstand road número 213, es un hotel de dos estrellas. Esta…

―Ya sé donde es—dijo interrumpiéndole y continuó—.Ahora vengo.

―De acuerdo, nos vemos allí. Hasta ahora.

            Colgó el teléfono y pensó…213…¿El mismo número?

Vistiéndose rápido, cogió la pistola, bajó a la cocina y se tomó unas vitaminas con zumo de naranja y sin perder tiempo se dirigió al lugar del crimen.

            Cuando llegó le esperaba su compañero en la entrada del hotel.

―Hola, Harry—dijo Daniel dándole la mano.

―Hola, dime lo que sabes―dijo subiendo las escaleras hasta la habitación.

―La víctima es una mujer prostituta llamada Adain Vorest.  De unos treinta y cinco años. La última vez que la vieron subió en un coche de marca Ford de color rojo. Pero su vivienda está a unos kilómetros de aquí en Dartfort.

―¿Sigue repitiendo el mismo procedimiento?―preguntó Harry en ver la escena del crimen.

―Sí, como las anteriores víctimas.

            En el interior estaba la policía haciendo fotos de toda la habitación y de la víctima. Harry se fijó que la mujer llevaba una corona de flores en la cabeza, igual que las dos últimas víctimas y observó la gran cantidad de puñaladas de arma blanca en su cuerpo y como siempre, unas velas en la mesilla de noche. Se puso los guantes y miró en su boca y como era de esperar se encontró el pequeño crucifijo.

―No hay duda, es el mismo asesino―dijo Harry.

―Me lo dejas ver.

―Toma. Este cabrón se ha desahogado como si se tratara de un orgasmo. Es como si no tuviera paro alguno al matar a la mujer―argumentó Harry y continuó—¿han encontrado la arma que mató a la víctima?

―No, el asesino limpió a conciencia el lugar. No hay huellas en la entrada ni tampoco en esta habitación.

―¿Mírame de donde podría haber conseguido estas velas?

―De acuerdo.

―¿Quién fue quien vio por última vez a la mujer?

―Sus compañeras de trabajo.

―¿En dónde?

―Como te he dicho en Dartfort. Solo tenemos la descripción de un Ford fiesta de color rojo―repitió Daniel.

―¿Quién encontró el cuerpo?

―La señora de la limpieza.

―¿Le han tomado declaración?

―Sí.

            Harry se acercó a Daniel y en ese instante, llegó el juez para levantar el cuerpo. Ellos dos salieron de la habitación y Harry le dijo a su compañero que iría al depósito para que cuando llegara el cuerpo, el médico forense le dijera la causa de la muerte.

            Harry salió del hotel y se fue hasta la avenida principal para tomarse un té. Mientras tanto, iba pensando qué coño quería hacer entender el asesino. Salió fuera con el vaso de cartón y se encendió un cigarrillo. Mirando la calle se fijó que había cámaras que vigilaban la gasolinera. De algún modo posiblemente el asesino podía estar registrado. Se acabó el té y cogiendo su vehículo fue al instituto forense.

            Llegando al depósito. Tuvo de esperar un rato para que el experto tuviera el informe de la autopsia. Una vez acabado su trabajo Harry fue a verlo.

―Hola, señor Adam ¿cómo estamos? 

―Bien.

―¿Y la familia?

―Muy bien. Mi mujer me dio recuerdos para usted.

―Gracias, ¿cómo se encuentra?

―Se ha recuperado de la operación y supongo que de aquí unos días podrá hacer vida normal.

―Me alegro que todo haya salido bien―dijo Harry y continuó—.¿Qué ha encontrado de peculiar sobre la difunta Adain Vorest?

―Como las anteriores víctimas tiene unas treinta apuñaladas por todo el cuerpo. Pero lo curioso es que esta mujer se defendió y hemos encontrado piel del asesino y tenemos su ADN.

―O sea, ¿qué lo arañó?

―Sí, y la piel encontrada es de la parte del cuello.

―¿Has comparado el ADN encontrado en la base de datos?

―Sí, pero no he encontrado nada. Supongo que no está fichado por la policía…El arma del crimen es el mismo utilizado anteriormente. Es un cuchillo bastante grande y tienen una sierra en la parte final.

―Gracias Adam.

―Aquí tienes mi informe, es una copia compulsada―dijo el doctor y dándole continuó—.Que tengas suerte y haber si cogéis a este chiflado.

―Eso espero. Adiós Adam que vaya bien.

            Harry salió del instituto forense y se dirigió hasta a la comisaria. Allí se encontró con su compañero Daniel qué estaba estudiando el caso. 

―¿Has encontrado algo nuevo?

―Sí, te estaba esperando, tengo la dirección de la víctima.

―Pues vamos.

            Daniel y Harry marcharon hacia a la vivienda de Adian Vorest. Cuando llegaron vieron que ella vivía en un piso de protección oficial. Subieron hasta el tercer piso y llamaron a la puerta. Al no contestar nadie, forzaron la puerta. Observaron que ella vivía sola. El comedor estaba en el mismo lugar que la cocina, tenía un lavabo con ducha y un dormitorio. Comenzaron a buscar alguna prueba que relacionase a la víctima con un lugar de reunión o parecido. Daniel encontró una tarjeta de un medico que estaba especializado en abortos de un hospital cercano. También encontró documentos de un centro de desintoxicación de drogas llamado El Alma.

―Mira que he encontrado―dijo Harry.

―¿Qué?

―Jeringuillas nuevas y heroína.

―Según este papel estaba desintoxicándose en un centro cerca de aquí. Debía pasárselo mal esta mujer.

―¿Me dejas ver el documento?

―Claro, toma.

―Centro de desintoxicación El Alma, ¿vamos a dar un vistazo?

―Sí, vamos.

            Los dos policías se alejaron de la vivienda de Adian en dirección al local llamado El Alma. Cuando llegaron preguntaron por el responsable de la fundación y se les presentó un chaval joven de unos veinte años llamado Philip. Él les explicó que Adian seguía una terapia en grupo para dejar la heroína y según él, hacía dos semanas que ella no aparecía por aquí. Harry le pidió los nombres de todos los pacientes que tenían, pero Philip le dijo que no podía dárselos porque incumplía las normas de la fundación y le dijo que solo si tuviera una orden judicial se le facilitaría.

―Claro, protección de datos señor. Lo siento―dijo Philip.

―De acuerdo, ya vendremos en otro momento. Muchas gracias.

            Salieron del local y delante comenzaron a hablar.

―¿Crees que el asesino, pudo conocerla en este lugar?

―Es posible.

            En ese momento, en una casa del distrito de West Norwood había una mujer muerta asesinada en la cama de su dormitorio. El autor del acto, estaba en la cocina limpiando su cuchillo. Sin ninguna preocupación por lo que había hecho escuchó atónito el timbre y acercándose a las escaleras con un cuchillo, esperaba que no abriesen la puerta. Entre tanto, con el dedo deslizándolo por el borde agudo de su arma observó por la obertura tirar un certificado de llegada de un paquete.

            Se hizo oscuro y recogió todo sin dejar ninguna pista posible. Se volvió a poner la bolsa en la espalda y salió del inmueble tranquilamente.

            Al llegar a su casa comió un poco y se dio cuenta que faltaba solo una hora para ir a trabajar. Sin perder tiempo, cogió el uniforme, otro sándwich y se fue al trabajo. Su labor era de camillero en un hospital cerca de Dartfort. Solo llegar un de sus compañeros lo saludo al entrar. Se fue a los vestuarios y se cambió de ropa y como siempre, al salir, comenzó su jornada laboral cómo si no hubiera pasado nada.

            En comisaría estaban Harry y Daniel repasando las pruebas que tenían del caso.

―¿Adam ha conseguido el ADN del asesino?―dijo Daniel.

―Sí, pero lo ha comprobado en su base de datos y no ha encontrado nada.

―Solo sabemos que es un tipo de mediana edad y de una altura de un metro setenta.

―¿Cómo podíamos dar…

            En ese instante sonó el teléfono y Harry lo descolgó.

―Sí, dígame.

―Hola, Harry. Soy Alfred, han encontrado otra víctima con las mismas características del asesino del crucifijo.

―¿Dónde?

―En el distrito de West Norwood.

―¿Cuál es la calle?

― 25A Selsdon Road.

―De acuerdo ahora vamos para allá.

            Colgó el teléfono y le dijo a Daniel:

―Han encontrado a otra víctima.

―¿Dónde?

―En West Norwood.

―Joder.

            Los dos policías marcharon de la comisaria y cogiendo el vehículo se dirigieron a otra escena del asesino del crucifijo.

            Solo llegar Alfred les contó quien había descubierto la víctima.

―¿Quién ha sido?

―Unos chavales rompieron con una pelota el cristal de la habitación y como vieron que la puerta estaba abierta. Uno de los chavales fue a recogerla y se encontró con la mujer.

―O sea, ¿qué el asesino se dejó la puerta abierta?

―Supongo.

―¿Han encontrado algo diferente?―dijo Harry subiendo las escaleras hasta la habitación acompañado por sus dos colegas.

―Sí, en la cocina han encontrado un trozo de entrada de un cine llamado Olfo donde dan películas porno. Y por suerte al llover estos días el asesino dejó barro en la moqueta de la habitación y lo están analizando para saber donde posiblemente pudiera encontrarse esa misma tierra. Cuando tenga algo te informó Harry.

―De acuerdo, gracias Alfred.

            Harry y Daniel vieron a la mujer con las mismas heridas de arma blanca que las anteriores victimas. En ese momento, levantaron el cuerpo y Alfred les comunicó que el barro era de una zona industrial llamada Limehouse y que el cine Olfo estaba cerca de allí.

            Los dos policías con Alfred se dirigieron hasta esa zona. Al llegar aparcaron el vehículo al lado de una de las naves y cerca encontraron un Ford de color rojo. Sabían que el asesino estaba cerca. Encontraron una puerta abierta al lado del coche, entraron dentro y oyeron una música psicodélica, sacaron la pistola y se encaminaron en dirección a la música hasta encontrarse con una puerta. Entraron dentro y vieron a una mujer atada y enmordazada en una silla aun viva. La mujer con mímica les dijo que el loco estaba en una de las habitaciones. Se acercó Harry y vio como el asesino estaba bailando como si estuviera en una pista de baile. Lo apuntó como Alfred y Daniel silenciosamente paró la música. En ese instante, el tipo se giró y fue corriendo hasta donde tenía una pistola pero Harry y Alfred le dispararon en las piernas haciéndole caer.

            Por fin habían dado con el asesino, en menos de cinco minutos toda la zona estaba lleno de policías. Detuvieron al asesino y Harry se acercó a él y le preguntó:

―¿Por qué coño les metías un crucifijo en la boca?

―Por sanar su alma―dijo el asesino.

            En ese momento, vio que en su espalda tenía un tatuaje con el número 213 y le recordó el sueño y antes que se lo llevaran le dijo:

―¿Qué significa el 213 tatuado en tu espalda?

―Es mi habitación…¿Qué la has visto?―gritó cuando se lo llevaban.

            Harry se quedó perplejo y su compañero le dijo:

―Es un tatuaje como otro, Harry. Por fin hemos dado con él.

―Sí, Daniel. La pesadilla se ha acabado.

Una razón razogante

Esa mañana, después de una noche de bajas temperaturas, se podía apreciar la gran humedad que había en esa época del año. Sumergiéndose dentro del bosque, cerca de la ciudad de Innsbruck, el sonido de la lluvia intermitente, hacía su golpeteo peculiar encima las hojas, haciéndolas caer. Cerca de ese lugar andaban dos campesinos por un camino de arena, acompañados por un perro y hablando entre ellos del tiempo olieron un hedor muy fuerte. De golpe el animal sin ninguna razón aparente, se escabulló dirigiéndose entre medio de la maleza y obligados tuvieron de entrar entre medio del boscaje detrás de él y, fue cuando después de unos metros, vieron sorprendidos, que estaba ladrando al lado de un cuerpo sin vida…

…Una hora más tarde…

La policía científica de Innsbruck había acordonado la zona donde los dos campesinos encontraron el cuerpo. Les habían prestado declaración y en el mismo lugar, más tarde, llegaban en vehículo, el detective Mark acompañado de su compañera capitana de la policía llamada, Miriam. Estacionaron a un lado del camino y saliendo del coche, se dirigieron hasta donde estaba el cuerpo.

—Buenos días señores—dijeron los dos.

Mark acercándose arrodillado mirando el cuerpo, preguntó:

—¿Qué tenemos aquí?

—Hola Mark—dijo uno de los policías y continuó—Un ajuste de cuentas.

—Saben ¿Cómo se llamaba?

—Sí, llevaba su identificación encima. Su nombre es Adolf Blatter, de unos cincuenta y dos años y era originario de Innsbruck.

            Miriam iba apuntando en una libreta los datos que decía uno de sus compañeros.

—¿Quién lo ha encontrado?

—Unos campesinos.

—¿Se sabe qué le produjo la muerte?

—Por ahora, hemos encontrado que tiene un golpe en la cabeza con un objeto contundente y en la parte del tórax tiene unos agujeros de bala. Realmente lo mataron a conciencia.

            En pocos minutos el juez hizo levantar el cuerpo y se lo llevaron.

—Nos acercaremos a comisaría a ver que encontramos de Adolf Blatter.

—De acuerdo, hasta ahora Mark.

            Los dos compañeros se dirigieron hasta su vehículo y Miriam le dijo:

—La víctima no iba vestida como tendría de ser. Seguramente lo mataron  en algún otro lugar y creo que más tarde lo llevaron hasta aquí.

—¿Supones que no lo mataron en el bosque?

—Sí—dijo abriendo la puerta del coche y continuó—¿No lo ves igual?

—Posiblemente, solo iba con una camisa y unos pantalones, sin ningún calzado. Podría ser que tengas razón.

            Arrancaron el automóvil y en media hora llegaron a comisaría donde buscaron toda la información posible de la víctima. Entrando en sus bases de datos encontraron su dirección y observaron que no estaba casado. Con la información hallada, sin pensárselo dos veces, se dirigieron a su residencia que estaba a unos kilómetros de la capital del Tirol. Llegando estacionaron delante la casa y sólo salir les comenzó a ladrar un perro que estaba atado en la parte derecha del inmueble. Llamaron a la puerta y en ver que nadie contestaba, Mark sacó unos alambres y abrió.

—Éste tipo tenía dinero, la casa es bastante grande y los muebles deben valer una fortuna—dijo Miriam y preguntó mirando a su compañero.—¿Qué andamos buscando?

—Una posible pista de lo que hizo últimamente o algo que nos pueda orientar donde estuvo o a qué se dedica.

            Observando minuciosamente, Miriam encontró una tarjeta de un casino de Suiza y una agenda de trabajo. Mientras que Mark subió al primer piso. Ojeando la agenda vio que anteayer había quedado con un tipo llamado Jack Nelson y en letra pequeña ponía: “Reunión importante, CEPNAN”. Mark bajó y le dijo a Miriam que la cama estaba hecha y suponía que no había dormido allí. Miriam le mostró la agenda donde había la supuesta reunión y enseñándole la tarjeta, Mark miró el reverso y ponía una palabra que le hizo pensar, que posiblemente podía ser un apodo.

—Hay un nombre.

—¿Qué dice?

—Araña y, está marcado con la fecha—miró su reloj y volvió a decir.—Sólo hace tres días.

—O sea, ¿Qué hace tres días estaba vivo?

—Sí, llamaré un momento a Harry, para que me diga si el forense sabe cuanto hace que está muerto.

            Mark cogió el teléfono y llamó. Mientras Miriam iba mirando el comedor y vio que encima la mesilla un cigarrillo en un cenicero y con ayuda de unos guantes lo cogió para tener una posible pista de ADN. Mark acabando de hablar le dijo a Miriam que según el forense sólo hacia dos días que estaba muerto. Y dedujo que cuando tubo la tarjeta aun no lo habían matado.

—Vamos a ver a éste, llamado Jack Nelson.

—Pero, no sabemos donde se encuentra éste tipo.

—Claro Miriam, piensa un poco.

—¿Dónde?

—CEPNAN, ¿No lo conoces?

—No—dijo mirando a Mark sorprendida.

—CEPNAN es una empresa que está cerca de Innsbruck y se dedica a confeccionar material de oficina. Todos los muebles de la comisaría, como también de mi despacho son de allí.

—No lo sabía.

            Los dos cerraron la puerta y sin despedirse del perro, ya que los ladró al verlos, se fueron hasta el polígono industrial de la zona este de la cuidad. Eran las once de la mañana y Mark dedujo que a esa hora lo encontrarían fácilmente. Estacionando delante la empresa y sin ninguna prisa llamaron al timbre. En pocos segundos les abrió una mujer que parecía la secretaria y le preguntaron por Jack Nelson, después de acreditarse los dos como policías. Ella llamó por teléfono y en menos de diez minutos los atendió en su despacho el mismo Nelson.

—Buenos días, ¿En qué puedo ayudarles?

—Venimos a preguntar por Adolf Blatter.

—¿Por qué? ¿A pasado algo?

—Sí, lo han encontrado muerto en el bosque. ¿De qué se conocen?

—El trabaja aquí.

—¿Aquí?—dijo sorprendido Mark.

—Sí, hace dos días que no aparece y no lo notamos extraño porqué, nos dijo que después de sus vacaciones era posible, que tardara unos días en venir.

—Pero ¿Cuál es su posición en la empresa?

—Es de subdirector.

—Sabía que se a había ido a Suiza.

—No.

            En ese momento le cambió la cara de color y Miriam viéndolo le dijo con gran agilidad.

—Puede untar con su saliva este palito de algodón.

—Sí, claro.

            Le devolvió el palito y guardándoselo en una pequeña bolsa, Jack le dijo:

—Discúlpenme, pero tengo trabajo. Pueden venir en otro momento, por favor.

—Claro. No queríamos molestar, pero—dijo Mark y continuó.—Nos puede dar su numero de teléfono.

—Sí, no hay problema.

            Jack les dio el teléfono personal como también el de la oficina y los dos compañeros salieron de la nave sin decirse nada pero, llegando al vehículo, Miriam le dijo a Mark:

—Sí en la agenda ponía reunión importante, porque ha dicho que no lo encontró extraño que no hubiera venido a trabajar. Se supone que él tendría de saber también que había quedado con la víctima con una reunión.

—Tienes razón. Ya volveremos en otro momento.

            Arrancando el coche llamaron a Mark a su teléfono.

—Sí, ¿Quién habla?

—Hola Mark, soy Metz. Hemos encontrado un sospechoso que tiene relación con la víctima.

—¿Quién es?

—Se llama Peter Drim y es de Viena.

—¿Y cómo habéis dado con él?

—Se ve que tenía una denuncia por agresión en la parte alemana de Suiza y el agredido fue la misma víctima.

—¿Lo denunció?

—Sí, por esa razón me lo han enviado desde Zúrich.

—¿Y está en comisaría?

—Sí, lo han detenido en Innsbruck, estaba en un hotel del centro con la intención de viajar hasta Múnich y coger un avión hasta Argentina.

—En diez minutos llegamos.

—De acuerdo.

            Poniendo la sirena fueron a toda prisa hasta el departamento. Allí los esperaba Metz y sin perder tiempo entraron donde estaba el detenido.

—Señor Peter, ¿Sabe por qué está aquí?

—Sí, me acusan de matar a ese gusano de Adolf.

—¿De qué lo conocía?

—De sus negocios de droga.

—¿Qué droga?

—Cocaína.

            Miriam cogió la tarjeta del casino de Suiza y le preguntó:

—¿Qué estuvieron haciendo en Suiza?

—Fuimos a un casino e hicimos un acuerdo. Quedamos que quien ganara algo de dinero jugando al póker, tenía de repartirlo, a partes iguales. Pero él, no lo hizo y por esa razón le metí un par de ostias.

—¿Él ganó dinero?

—Claro, unos cien mil francos suizos.

—¿Y que hizo después de qué le detuvieran la policía de Suiza?

—Volví a Austria.

—Pero ¿Volvió a ver a Adolf?

—Sí.

—¿Dónde lo vio?

—En su casa.

—¿Cuánto hace?

—Hace tres días.

—¿Y qué hacía en Innsbruck?

—Nada, pasar el tiempo cómo uno puede.

—¿Y su billete de avión a Argentina qué significa?

—Unas vacaciones.

—¿Quién es el Araña?—preguntó Mark recordando la tarjeta.

—Soy yo.

—¿Y conoce a un tal Jack Nelson?—preguntó Miriam.

            Peter sonrió y tapándose la boca dijo:

—Joder.

—¿Lo conoce?—volvió a repetir.

—Claro, era un gran cliente de Adolf.

—¿De que lo conoce?

—Es un cocainómano de clase alta, me lo encontré cuando fui a ver a Adolf hace tres días. Estaban discutiendo aferradamente y él sabía que teníamos un problema de dinero.

—¿Y qué hizo, cuando los vio a los dos?

—Irme, no quería saber nada de esos dos drogadictos.

—¿Aunque le debiera dinero?

—Claro.

—Puede meterse este palito en la boca por favor—dijo Miriam con la intención de cogerle su ADN.

—Claro.

            Chupó el palito y le devolvió a Miriam y girándose, ordenó a un policía que llevara al laboratorio las muestras, para que identificaran si el ADN del cigarrillo encontrado, en casa de la víctima, coincidía con el detenido o con Jack Nelson. Más tarde dejando al sospechoso en la habitación iban hablando Mark y Miriam del caso. Ella deducía que Jack como Peter podían ser sospechosos  del asesinato de Adolf Blatter. Uno por la razón de engañarlos sobre una reunión que no tuvo lugar y él sabía y, el otro por un ajuste de cuentas de un dinero que le debía. Ya que Miriam, también pensó, que podrían haberlo hecho juntos. Mientras tanto Mark, escuchando las deducciones de Miriam, hizo un vistazo al expediente de Peter y concluyó que el principal sospechoso era él, por el motivo de la deuda de dinero. Pero más tarde, cambió la dirección del caso. En pocas horas, les dieron los resultados del ADN y como pensaba Miriam el ADN del cigarrillo coincidía con el de Jack Nelson. Habían dado en el clavo y ahora sabían que la versión de Peter podría ser posible. En pocos minutos ordenaron la detención de Jack y lo llevaron a la comisaría donde lo estaban esperando.

—Nos volvemos a ver, señor Nelson—dijo Mark.

—Sí, ¿Qué es lo que quieren?

—¿Usted fuma?—preguntó Miriam.

—Sí.

—El cigarrillo encontrado en casa de la víctima coincide con su ADN. Antes nos ha engañado y, sabemos que estuvo con Adolf y sabía que, él había estado en Suiza. Y para redondeándolo mucho más, ¿Usted tenía una reunión en la empresa hace unos días con él?—preguntó Miriam.

—Sí.

—¿Estuvo con Adolf antes de que lo mataran?

—Sí, hace unos días.

—¿Mató usted a Adolf? Porqué tenemos a un testigo que dice que usted lo vio hace tres días discutiendo muy agresivamente. 

—Eso es mentira, el que lo mató fue Peter Drim. Es él que tuvieron una discusión por asuntos de dinero, yo cuando vi el percal me fui de allí.

—Pues éste señor dice que fue usted.

            Se puso a reír y dijo:

—El fue quien mató a Adolf, le debía un dinero. Por esa razón lo mató.

—No se está aprovechando de las circunstancias.

—No, les digo la verdad.

            Sin preguntar nada más salieron de la habitación y Mark le dijo a su compañera:

—Ahora sólo falta saber quien disparó el arma acabando con Adolf. De ese modo sabremos quien de los dos nos engaña.

—Sí, pero vamos a ver a Peter, a ver que nos dice.

            Se dirigieron hasta en la otra sala y entraron.

—Bueno señor Drim, tenemos la confesión de Jack Nelson y nos ha contado que usted tuvo una discusión con Adolf y acabó con su vida.

—Eso es mentira, el que mató a Adolf fue él. Yo sólo me los encontré en su casa y supo que me debía dinero por esa razón lo hizo. De esa manera podía meterme el marrón de la muerte de Adolf.

—Pero ¿Qué estaban discutiendo?

—Cuando llegué vi que hablaban de droga y llegando a las manos, le pegó con una pala en la cabeza, y en ver eso me largué, no quería saber nada de ellos dos.

—¿De quién era la pistola?

—De Jack supongo, yo ya me había largado.

—De acuerdo, prepárese porqué si no encontramos la pistola, le van a caer unos veinte o treinta años. Piense que usted es el principal sospechoso por el móvil del dinero y la denuncia de la víctima que hizo en Suiza.

            Saliendo de  la sala ordenaron registrar la casa de Jack para encontrar la pistola. En pocas horas hallaron el revolver y coincidió con el arma homicida. Descubrieron que Jack había mentido y se lo llevaron a la cárcel de Viena. Donde más tarde le cayeron unos treinta años de cárcel, mientras que Peter, aun habiendo visto el comienzo de la pelea,  se había salvado de una acusación en toda regla, ya que en su contra tenía la denuncia de Adolf en Suiza.

Mientras tanto Miriam y Mark estaban hablando del caso.

—¿Qué le llevó a Jack en acabar con la vida de Adolf?

—Según la investigación, sólo fue por asuntos de drogas y egoísmo.

—¿Y podría ser, que se produjo por el estatus que tenía la víctima en la empresa?

—Posiblemente.

—De verdad que la intención es tan retorcida, que parece sacado de una discusión entre niños, que se pelean por orgullo.

—Estás en lo cierto, lo parece.

 

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Los Delis, mi debilidad humana

 

 

En el año 2300, los científicos del momento concluyeron que el cambio climático que se originó hacía unas décadas, empeoraría de tal forma que sus habitantes desaparecerían a consecuencia de las radiaciones electromagnéticas y la disminución del oxigeno en el planeta azul.

En ese momento, personas con poder tecnológico y económico, proyectaron una solución que les condujo a dejar el planeta con el propósito de viajar por el espacio en busca de un lugar parecido a la tierra.

A estas personas les apodaron, los free mans. 

 

Los Delis, mi debilidad humana

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